Decorada ya la pieza, ahora toca perpetuar en ella esos colores. Para ello se introducen en el horno a unos 100 ºC. Esta cocción es similar a la primera, pero aquí el manejo de las piezas para su introducción en el horno es mucho más delicado, ya que la pintura se desprende muy fácilmente. 

Con esta cocción las piezas adquieren el brillo que las cateteriza, que será menor o mayor dependiendo del esmalte empleado y de la viveza de los colores aplicados.

Antiguamente esta cocción también se realizaba en el horno árabe, como en la primera cocción, pero en esta la llama no podía estar en contacto directo con la pieza, ya que estropearía la decoración. Para evitar esto las piezas se introducían en unos recipientes fabricados en el propio alfar con arcilla y arena, estos recipientes se denominaban cobijas, las cuales se ponían al rojo y trasmitían el calor a la pieza , por lo que quedaba cocida con los colores impregnados en el esmalte.