Una vez que el alfarero ha amasado bien la pasta, hace una "pella" o "bola" con la cantidad de barro que va a utilizar, y la coloca en el centro del torno, el cual debe estar seco y limpio. Una vez centrado empezará a elaborar la pieza en cuestión.

Hay que tener una serie de conocimientos necesarios para poder llegar hasta la finalización de la obra artesana. Es en el torno donde se reconoce al alfarero, sus manos son las encargadas de dar forma a la pieza, en años pasados también los pies del alfarero eran importantes, para dar ritmo a la maquinaría del torno, a día de hoy solo se encargan de acelerar y frenar la maquina movida por un motor.

 La técnica de tornear el barro, siempre le ha fascinado al hombre. El torno "lanza" la pasta hacia fuera y el alfarero usa sus manos para controlarlo, y modelarlo en contra de la fuerza centrífuga.

Para el que observa le parece algo fácil y sin esfuerzo, pero la realidad es que se requiere concentración, paciencia y determinación para aprender hacerlo, una vez que se domine esta técnica, el alfarero será capaz de crear cualquier forma, rápida y fácilmente.

En primer lugar y para que la obra sea buena y no se nos rompa al tornear, es necesario un buen amasado de la pasta, para así eliminar aquellas burbujas de aire, que pueden hacer que la pieza se rompa al elaborarla o al cocerla, y esto sería más peligroso para las obras que estuvieran en el horno, puesto que también se podrían romper.

Alrededor del torno existen algunos materiales curiosos muy típicos en el mundo del alfar. Uno imprescindible para el tornero, es la caña y  el albañal. Con ella se consigue alisar y hacer algunas marcas más difíciles de realizar con las manos cuando se trabaja en el torno alfarero.

La caña es como su nombre indica, un trozo de caña, de las que podéis encontrar creciendo cerca de cualquier río. Se deja secar y se parte el cilindro que queda entre nudos, obteniendo dos piezas cóncavas que una vez trabajadas (ligeramente talladas y lijadas en los bordes) se convierten en la principal herramienta del tornero.

El albañal es un recipiente de cerámica donde se contiene la "moja" que es agua con arcilla sobrante de alguna de las piezas realizadas en el torno. Esta "moja" se emplea para lubricar la pieza cuando se esta torneando.

El uso de la caña, acompañando a las manos del alfarero hacen un acabado de la pieza perfecto. A veces los no entendidos creen más auténtica una pieza con imperfecciones y mal acabada, porque creen que manifiesta realmente que se ha hecho a mano.

Por supuesto, un buen tornero siempre consigue piezas simétricas, de líneas limpias y ligeras. El peso de una pieza hecha a mano también identifica la calidad del tornero, ya que cuanto mas finas son las paredes, es mas difícil acabar bien la pieza, pero el resultado es claramente superior.

Otros materiales interesantes alrededor del torno son el "hilo" que es el encargado de separar la la pieza del torno y las tablas que se utilizan para ir poniendo las piezas que el alfarero va realizando en su torno.