Después de salir del horno la pieza se baña completamente en esmalte cerámico, el cual se se vuelve transparente al cocerse en el horno y da el verdadero color y brillo final a las piezas y su pintura.

Según queramos el resultado final usaremos un tipo de esmalte distinto el cual dejaremos secar para que luego el pintor decore con los distintos colores que son óxidos metálicos.

Normalmente el esmalte también se fábrica en el propio alfar. Se obtenía a partir de plomo, el cual se cocía en un horno especial donde se producía la "pailla", que es la quema del plomo y a su vez la agitación del mismo para que se formen partículas finas, estas se mezclaban con arena y se introducía en el horno árabe para su cocción final. En esta cocción se formaba una pasta sólida de unos 7-8 cm de grosor, que posteriormente se machacaba y molía junto a una proporción de agua en un molino de piedra tirado por burros, de esta manera se obtenía un baño de color blanco.

El baño sobrante se mezclaba con óxidos metálicos o minerales para obtener los colores.

Hoy en día el baño con el que se fabrica el esmalte y los colores esta totalmente libre de plomo.

La personalidad de la pieza viene dada por su decoración. Si el alfarero da el cuerpo a la pieza, el pintor la viste y la combinación de ambos es lo que le da la vida y la exclusividad.

Aquí no hay sitio para la innovación tecnológica, las manos del pintor (tradicionalmente mujer) son las mejores armas para vestir una pieza con trazos, flores, rejillas y filetes a mano alzada. Dos piezas pintadas a mano nunca pueden ser iguales. Los trazos salen más o menos aguados, según la presión de la mano del pintor, según el tiempo que hace que removió el tarro con la pintura, etc.

Es el paso que más tiempo puede consumir para la elaboración de una pieza. La pintura se diluye en agua, por lo que es muy delicado el manejo de la pieza una vez pintada, ya que el mínimo roce desprenderá la pintura de ella.

Dependiendo de los colores y pinturas que se emplean podemos clasificar las piezas. A veces se identifica la procedencia de la pieza por su decoración, por ejemplo en Talavera de la Reina es típico los tonos amarillos y azules, en Puente del Arzobispo el verde montería...

Las pinturas están constituidas a base de óxidos metálicos, como cobalto para el azul o cobre para el verde. Son de colores pastel y textura mate en el momento en que se pintan.

Se usan gran variedad de colores que los pintores van dando con maestría, cariño y mimo, esto se nota en el acabado final de cada pieza que después de ser cocida por segunda vez veremos su brillo y belleza espectacular.

En la antigüedad los colores también se fabricaban en el propio alfar. En una piedra de pizarra se machacaba y mezclaban los distintos componentes. Así por ejemplo para la elaboración del color azul se usaba oxido de cobalto combinado con esmalte de plomo. El verde se conseguía quemando materiales de cobre, con esto soltaba una especie de cascarilla que se mezclaba en proporción con esmalte de plomo. Los tonos amarillos y naranjas se obtenían mediante piedra de antimonio procedente de minas, esta piedra se machacaba y cocía en el horno árabe, así se formaba una torta que al molerla y diluir el polvo obtenido en agua se sacaban estos colores.

Hoy no los colores empleados son óxidos metálicos permitidos que están en forma de partículas sólidas, listos para reconstituirse con agua.